martes, 5 de junio de 2018

PARQUE GUELL 10


Nada más en los lugares más frescos enraizan y se mantienen arbustos exóticos como son ahora los pittosporum o cotoneasters.


Debajo de la torre del Calvario, entre truhanas, aladiernos, oliveras y algarrobos, sobresalen esporádicamente de las cabeceras de los pinos- pinos blancos y piñonero entremezclados- emergen los brotes terminales, siempre inclinados o ligeramente colgados, de numerosos cedros del Himalaya, de porte piramidal. No lejos del grupo de magnolias, las formas aviejadas, casi míticas, de unos pocos  algarrobos excepcionales. Todos los árboles perennifolios, poco cambiantes a lo largo del año, de tonos oscuros y desvaídos como es propio de la vegetación mediterranea. Y es este carácter- que no por habitual es menos atractivo- lo que viste de gala las formas arquitectónicas, típicamente gaudinianas, del Parque.

LA FUENTE DE SANT SALVADOR DE HORTA
Con juntamente con la finca de can Muntaner de Dalt, Eusebio Güell adquirió, en 1895, la finca de Coll i Pujol, a la otra ladera de la montaña, una y otra unidas por la línea de loma y por un amplio camino arenoso que arranca del mirador superior del Gran Teatro de la Naturaleza. A la zona más cálida y luminosa del parque, en forma de pantalla cóncava, abocada al mar y a la ciudad se añade pues  una nueva superficie, encarada al noroeste, ligeramente más fresca y húmeda, en forma de zanja más estrecha y cerrada en sí misma. La línea del horizonte que desde aquí se entrevé se confunde con los perfiles de la sierra de Collserola extendiéndose hasta el camino más lejano de Sant Pere Mártir. Las vistas panorámicas sobre la ciudad quedan centradas en las últimas estribaciones del macizo del Tibidabo.

Las obras de urbanización paradas a la vertiente sur después del fracaso económico- no llegan a este lado de la montaña.  Los caminos, pedregosos y rústicos, difieren bien poco de cualquier pista forestal.

La pendiente, abrupta, obliga un largo recorrido antes de plegarse al fondo de Sant Salvador de Horta. En 1984 un proyecto de acondicionamiento de la fuente y la entrada por la calle del Torrent del Remei dibuja una serie de terrazas enlazadas por muros, escaleras y pasajes empedrados que hacen más llana y agradable la llegada a la fuente.
Fuente de San Salvador   (Fue remodelada en 1984 por J.M. Casamor)

  La vegetación            
Un jardín entre la pineda
Un ramal del camino superior del Parque atraviesa la carena y se abre paso entre taludes altos y rocosos cortados en pico, que nos permiten observar a derecha e izquierda la constitución pétrea de la montaña.  Sobre este sustrato, - a veces al descubierto, otras con una mínima capa de suelo- se desarrollan una densa pineda de pino blanco- los pinos piñoneros
aparecen más abajo- con un sotobosque irregular: esclarecido en las áreas más soleadas o pisadas por el hombre- el garric es la especie dominante- alto y tupido donde la tierra se afirma y consolida. Lentiscus, viburnos, aladiernos, vegetales altos y leñosos- algunos sobrepasan la estatura del hombre- típicos de los bosques de la tierra baja catalana, ocupan el extracto arbustivo.





Valle adentro, la pineda convive con algarrobos, oliveras y truhanas, a tramos cedidos abiertamente al lugar. Pero la presencia de algunas higueras y sobre todo de un buen número de almendros testimonia la existencia de antiguas plantaciones de carácter marcadamente agrícola. Al iniciarse el lecho de la torrentera, donde acaba la configuración abrupta del valle y comienza el juego de terrazas, muros y escaleras, dos cabeceras grisáceas de eucaliptos y unas pocas, más oscuras y brillantes, de tuyas- ejemplares de porte esbelto y elegante- sobre salen del conjunto. A sus pies doble hilera de negundos y una placeta de cipreses canalizan la ordenación jardinera hasta bien pasada la fuente. Originarios de Norteamérica, donde forman bosques mixtos con otras especies de caducifolias, los negundos se han adaptado no solamente a nuestro clima sino a toda la vida urbana-son frecuentísimos en casi todos los pueblos y ciudades del país- y en toda la diversidad de elementos contaminantes que ello comporta.
Furat del Vent

A partir de aquí y hasta la puerta de salida el paisaje se densifica. Toda la franja de especies exóticas muy heterogéneas conviven entre un sotobosque denso, mayoritariamente cubierto de pittosporum. Palmeras dactilíferas y de Canarias, de hojas largas con un nervio central grueso, y algunas Washingtonias, de grandes hojas en forma de abanico, se encuentran esparcidas entre pies de falsos pimenteros y de mimosas, con ejemplares aislados del árbol del amor y un solo castaño de indias. La vegetación espontanea de la loma, mezclada más abajo con árboles de cultivo, ha sido sustituida alrededor de la fuente de San Salvador de Horta, por especies ornamentales. La entrada al Parque por el fondo de este valle es curiosamente presidida por un bosquecillo de cipreses de Lambert, de porte alto y piramidal, que recuerdan sus congéneres- también a la entrada pero al otro lado del Parque-, abocados al paso de los viandantes sobre la escalinata monumental.

El 17 de octubre de 2006 se inaugura la restauración y mejora del Parc Güell.  En la zona monumental donde acoge la obra de Antonio Gaudí básicamente se renovó el pavimento y se han instalado las barandas en las escaleras y otros puntos del jardín para mejorar la seguridad, han ampliado el número de mesas de picnic y se ha completado la renovación de las áreas de juegos, además de soterrar las líneas de servicios.




viernes, 4 de mayo de 2018

PARQUE GUELL 9

 
 
Paseo de las palmeras a la derecha
Aún hoy los encontramos tanto en patios, claustros y jardines particulares, como en balcones, patios y terrazas. En los parques públicos de la ciudad, en cambio, son excepciones- pronto desaparecerán del Parque Güell- más por los frecuentes accidentes a que están sometidos que por el valor ornamental intrínseco. Nada más en los jardines del Palau de Pedralbes, alrededor del agua quieta del estanque, mantienen viva la tradición.

Por la ladera arriba, entre filas de escaleras, rectilíneas y subidas hasta poco antes de la línea de la cima, el terreno rocoso y erosionado  ha mantenido alguna parte de las viejas plantaciones de árboles; la pendiente ha hecho imposible la persistencia de la cobertura herbácea y arbustiva del suelo, aspecto este que habrá que solventar con celeridad. La pobre fisonomía del manto arbóreo existente- abandonado durante años a los avatares de la climatología- es en parte el resultado de una tierra pobre y pedregosa pero también la prueba de la capacidad de adaptación y resistencia a los factores biológicos naturales. Son los árboles que Gaudí evocaba de su infancia. Hoy, algarrobos y oliveras- no ya en el recuerdo sino reales, sobre el terreno- lo dominan todo. Pinos blancos, almez, y truhanas acompañan mayoritariamente el conjunto. Los encinales de tierra baja, n2o han abandonado su habita natural y aún  frecuentan todo el espacio. Ya en la cima del Parque, la vegetación, dejada de la mano del hombre y poco complementada vuelve a ser la réplica de aquellas malezas y matorrales, resecas y luminosas, que el arquitecto tanto estimaba.

LA


SUBIDA AL CALVARIO 
Colina de las "Menes"

Estética y diseño 

A la izquierda de la gran plaza, una original puerta de hierro cerraba el espacio que fue el jardín privado de Güell durante los últimos años de su vida entorno de la antigua casa de can Muntaner de Dalt. La luz incidente bajo el porche es doblemente reflectiva al recorrido de tierra y piedras del muro - en una sencilla pero exuberante modulación de tonos arenosos. Muro y columnas -inclinadas en diferentes ángulos se sostienen con naturalidad sujetando las tierras.

Las columnas del primer tramo, amb arbotants todos diferentes, aplacados con piedra menuda, se transforman después del segundo tramo, con el embate del terreno obliga a duplicar el cobertizo, en helicoidales que se abren y se aplanan hacia arriba  en singulares capiteles. Las columnas y los capiteles; los muros y las piedras; la luz reflejada y el color de la tierra moteada por las sombra de los pinos configuran, una inaudita graduación de matices dorados, una de las más bellas creaciones de la jardinería catalana. A partir de aquí, la pendiente se engarza hoscamente, hasta la colina del Calvario: donde se había de construir la capilla y una cruz monumental se alza hoy las tres cruces del Calvario, sobre un montículo de piedra en seco como las más arcaicas construcciones rurales del país. A los pies, desde el mar a la cima de Collserola, la perspectiva grandiosa de la ciudad.

Colina de las “Menes”   (Colina del Calvario)
La vegetación                       

Flora exótica y silvestre del Parque

Los árboles cosmopolitas como los plátanos de sombra, que con más o menos vigor pero siempre con gran fuerza vegetan en toda la ciudad, tanto en plazas y calles como en jardines y parques públicos, faltan absolutamente en el Parque Güell. En 15 Ha. de terreno, nada más al patio que hoy es escuela pública- aislada desde muchos años del ámbito público- es posible observar unos cuantos ejemplares de esta especie casi universal. Entre 1900 y 1914- los años de actuación urbanística del Parque- pocas plantas, arbóreas o arbustivas, otras más conocidas y representativas de la flora mediterránea fueron introducidas definitiva mente en el Parque. Sobresalen, por la peculiar fisonomía y por el carácter que imprimen al paisaje la larga hilera de palmeras de la avenida principal y un grupo de magnolias en un recodo del mismo paseo. Más puntualmente, destacan los ejemplares arbóreos- pittosporum y evonymum del Japón- agrupados en replano de la escalinata monumental. Otras especies exóticas, menos suntuosas, como las típicas anuales y vivaces del jardín- geranios, etc...- aplicadas a las grietas de los muros, viaductos y escaleras y las adornaban las torretas y el entorno de la gran plaza han desaparecido con los años, faltas de atenciones continuadas.
 
Zona de bosque
 Los criterios personales de Güell y Gaudí respecto a la vegetación ideal en la proyectada ciudad jardín prevalecerán en su mayoría no solamente durante estos catorce años de actuación sino que dejarán una huella viva de continuidad: el Parque aún hoy después de innumerables y adversos acontecimientos, conserva, enriquecido y desarrollado con los años, el manto vegetal de carid típicamente mediterráneo y que fue pulcramente respetado por los autores del conjunto urbanístico. Hay que recordar que una cláusula del pliego de condiciones que todo nuevo propietario habría de aceptar y firmar, fijaba la multa de 50 ptas. por cada árbol adulto que se cortara o se arrancara fuera del ámbito estrictamente de edificación- el palmo cuadrado se cotizaba entonces entre o,75 y una peseta. Municipalizada la finca en 1922, un nuevo aspecto configura el mantenimiento de estos puntos de vista, tan poco frecuentes: la aspereza del terreno, muy rocoso, con fuerte pendiente y con poco espesor de tierra de cultivo dificultarían- en realidad impedirían- los posibles intentos globales de modernización vegetal del Parque.



EL PARQUE DE CAN BUXERAS 4

  Zona de jardín lateral que nos adentra en la zona naturalizada Casa del servicio (Masovers) El nuevo propietario, a principios de este sig...